Nuestra Historia
Tres generaciones. Una misma curiosidad.
Nuestra historia comenzó mucho antes de que Garrido Specialty Coffee tuviera un nombre.
Comenzó con una familia que encontró en Panamá un nuevo hogar y, poco después, en las tierras altas de Chiriquí, una profunda conexión con la agricultura.
De las rosas al café, y de una generación a la siguiente, nuestra historia ha estado marcada por la observación, la paciencia, la experimentación y un profundo respeto por la tierra.
Hoy, la tercera generación de la familia Garrido continúa escribiendo esa historia.
1956
Una nueva tierra
Nuestro abuelo había llegado primero a Panamá y, en 1956, Teodoro Garrido dejó España para reunirse con él.
Era una época en la que muchos españoles buscaban nuevas oportunidades fuera de su país, en medio de las difíciles condiciones económicas de la posguerra bajo el régimen franquista, la escasez de empleo y los bajos salarios.
Para Teodoro, Panamá se convertiría en mucho más que un nuevo destino.
Aquí construiría su vida, formaría su familia y encontraría en las tierras altas de Chiriquí el lugar donde echar raíces.
1958
Donde nacen nuestras raíces
Apenas dos años después de su llegada a Panamá, Teodoro comenzó a cultivar rosas en las tierras altas de Chiriquí.
Así, en 1958, comenzaron las raíces agrícolas de nuestra familia.
Las rosas requerían una atención extraordinaria. Su cultivo desarrolló en Teodoro una manera particular de observar y trabajar con las plantas: comprender sus diferencias, cuidar cada detalle y tener paciencia.
Aquella forma de trabajar la tierra se convertiría, años más tarde, en parte esencial de nuestra manera de entender el café.
De las rosas al café
La transición de las rosas al café ocurrió de manera natural.
Teodoro llevó al cafetal la misma atención al detalle que había desarrollado durante años cultivando rosas.
Su experiencia influyó incluso en su manera de establecer los cultivos, sembrando los árboles en hileras que le permitían recorrer el cafetal, observar cada planta individualmente y trabajar con mayor precisión.
Con el tiempo, esa manera de hacer las cosas se convirtió en parte de nuestra filosofía familiar:
Observar. Explorar. Probar. Aprender.

Una familia, cuatro fincas
Con los años, nuestra familia fue creciendo entre las montañas de Chiriquí.
Cada finca desarrolló su propio carácter y propósito.
Margarita, nuestra primera finca, cuenta con 24 hectáreas y lleva el nombre de nuestra abuela.
La Cantera, con 26 hectáreas, fue desarrollada desde sus inicios con la ayuda de nuestro primo Gregorio.
Volcancito, con 44 hectáreas, se convirtió en nuestra finca de mayor extensión.
Y Los Rosales, con apenas dos hectáreas y aproximadamente 1,700 metros sobre el nivel del mar, se convirtió en una de nuestras parcelas experimentales de mayor altitud: un espacio dedicado a observar, probar y descubrir.
Juntas, estas fincas se convirtieron en el escenario donde evolucionó nuestra manera de entender el café.

~2001
El comienzo de Mokkita
Mientras recorríamos la finca con nuestro padre, encontramos un árbol de café diferente a todos los que habíamos visto antes.
Nuestro padre siempre nos había enseñado a prestar atención a las pequeñas diferencias: observar los árboles, probar las cerezas y mantener siempre la curiosidad.
Al reconocer algo particular en aquel árbol, nuestra familia decidió preservarlo.
Cuidamos la planta, comenzamos a reproducirla y observamos su comportamiento durante años.
Poco a poco fuimos aprendiendo cómo crecía, cómo se adaptaba y, sobre todo, qué podía expresar en taza.
Sus árboles eran más pequeños y robustos, con abundante follaje, mientras que sus cerezas producían granos extraordinariamente pequeños.
Durante casi dos décadas, nuestra familia cuidó, reprodujo y desarrolló esta variedad, nueva para nosotros.
Lo que comenzó con un solo árbol diferente se convirtió lentamente en un café que finalmente podríamos compartir con el mundo.

El nombre: Mokkita
Después de probar el café, un reconocido comprador de café verde comparó su carácter con el café Mokha de Yemen.
De aquella comparación nació su nombre:
Mokkita — “pequeño Mokha”.
En taza revelaba un carácter intensamente expresivo, con notas florales, naranja y cítricos, acompañadas de un cuerpo profundo y distintivo.
Mokkita pasó a formar parte de la identidad de nuestra familia: un café preservado y desarrollado durante años de observación, paciencia y cuidado.
2021
Casi 20 años de trabajo
Después de casi dos décadas de preservación, reproducción y desarrollo, Mokkita llegó a un momento decisivo.
En 2021, Mokkita obtuvo el 1.er lugar en la categoría Varietales de Best of Panama.
Para nuestra familia, este reconocimiento representó mucho más que el resultado de una competencia.
Fue la culminación de años dedicados a cuidar algo que había comenzado con un solo árbol diferente y la confirmación del valor de aquella curiosidad que nuestro padre nos había enseñado desde pequeños.

La tercera generación
Hoy, la tercera generación continúa el trabajo iniciado por Teodoro.
Mantenemos vivo un legado que no consiste únicamente en producir cafés excepcionales, sino en descubrir lo que cada variedad, cada finca y cada cosecha puede llegar a expresar.
Continuamos cultivando Geisha junto a Mokkita y otras variedades, explorando la relación entre genética, terroir, procesos y fermentación.
Nuestro propósito nunca ha sido simplemente cultivar aquello que tiene mayor valor.
Es mantener viva la curiosidad.

Hoy — Seguimos descubriendo
Tres generaciones después, seguimos descubriendo.
Desde las rosas cultivadas en las montañas de Chiriquí en 1958 hasta los cafés que hoy compartimos alrededor del mundo, muchas cosas han cambiado.
Pero nuestra filosofía continúa siendo sorprendentemente sencilla:
Observar cuidadosamente.
Respetar la tierra.
Cuidar los detalles.
Nunca dejar de explorar.
Este es el legado que recibimos.
Y el que seguimos cultivando.
Con raíces en Panamá. Cultivado por la familia Garrido.